Por qué ser emprendedor después de empleado

Salir de la zona de confort se vuelve a veces el paso más complicado a la hora de dejar atrás un cómodo puesto de trabajo y lanzarse a las turbulentas aguas que han de sortear los emprendedores.

Sin embargo, la falta de oportunidades ha empujado a muchas personas a explorar nuevos horizontes y buscar alternativas diferentes a las que siempre habían tenido en mente. Lamentablemente esta es una decisión que ha de tomarse en serio, en la que es importante tener un elevado grado de motivación y haberse pensado muy bien las cosas previamente.

Los riesgos a la hora de emprender son numerosos, por eso es necesario tener claro cuál fue la motivación principal que condujo a esa decisión y hacer de esta respuesta el motor principal que devuelva los ánimos en los momentos más difíciles. Desafortunadamente la falta de opciones no es la mejor de las respuestas, aunque sí el principal motivo que ha hecho que más de un tercio de las personas que decidieron emprender pasaran de solo tenerlo en cuenta a llegar a hacerlo realidad.

Además de la motivación inicial, para emprender también es necesario reunir una serie de habilidades que, si bien algunas de ellas son innatas a la persona, otras muchas se pueden obtener a través del aprendizaje. Para ello, nada mejor como ponerlas en práctica en otro trabajo con el día a día.

Entre los trabajos que todo emprendedor debería probar están, por ejemplo, el de comercial a puerta fría o el de atención y soporte telefónico.  El primero de ellos es la clave para aprender a vender, saber comunicar o mejorar el discurso y la relación con el cliente. En cuanto al segundo, es perfecto para aprender a gestionar los conflictos y dar soluciones válidas al cliente, que en muchas ocasiones estará enfadado y no querrá nada más que quejarse.

Aparte de las anteriores, son necesarias otras habilidades como la capacidad para detectar oportunidades, la creatividad, el liderazgo o el sacrificio y la resiliencia, pero, ¿qué podemos aprender con un trabajo?:

  • Aprender con el dinero de otros. Cuando decidimos emprender tenemos mucho miedo a fracasar y perder todo el dinero. Una experiencia previa siendo responsables del dinero de otro puede ayudarnos a saber gestionarlo mejor.
  • Beneficiarse del trabajo en equipo. Lo positivo de trabajar en un equipo es la posibilidad de aprender de otros. Si quieres saber cómo liderar de la mejor forma, nada mejor que seguir el ejemplo de alguien que lo esté haciendo bien.
  • Poner conocimientos en práctica. No hay nada como poder aplicar todo lo aprendido en un puesto de trabajo. A base de equivocarte sabrás mejor qué es lo que funciona cuando decidas emprender y que prácticas debes eliminar de la lista.

Por todas estas razones, el poder trabajar antes de emprender es una buena preparación para todo aquel que quiera materializar su idea empresarial, ya que no existe mejor aprendizaje que la propia experiencia. Además, las habilidades innatas propias y la formación marcarán la diferencia entre hacerlo bien y no, sin olvidar nunca que el factor más importante dentro de toda organización es el humano. Nuestro curso en Gestión y Desarrollo del Talento te ofrece las claves para hacerlo lo mejor posible.

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