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Diversidad e inclusión, binomio ganador

Que el mundo actual es un crisol que alberga personas de distintas culturas, edades y sexos es algo obvio. Los movimientos migratorios han dado paso a la convergencia de un sinfín de nacionalidades en una misma organización; el aumento de la esperanza de vida ha hecho que también convivan empleados más longevos con los que enfrentan su primer trabajo; el empoderamiento de la mujer y su progresiva incorporación al mundo laboral ha hecho que esta cope más y más puestos de base, intermedios y, poco a poco, también directivos. Las creencias religiosas y culturales, así como la orientación sexual y la diversidad funcional –hasta ahora poco menos que temas tabú- cada vez son menos motivo de prejuicio en la organización, ahora mucho más concienciada que antaño de que la diferencia es sinónimo de riqueza.

Mayor ventaja competitiva

Nos movemos en un mundo diverso, en el que el capital humano de una empresa está llamado a competir unido. La organización, en consecuencia, debe usar esa diversidad constructivamente en pos de una mayor productividad y debe incluirla como activo en sus estrategias de negocio. Una buena gestión de la diversidad promoverá una igualdad real de oportunidades y una no discriminación en el seno de la empresa, algo que a su vez redunda en una mayor ventaja competitiva.

Reunir en un mismo equipo perfiles diversos aporta mayores índices de innovación y de creatividad. Ese ejercicio de pensar fuera de la caja (thinking out of the box) marcará la diferencia a la hora de competir, algo que en términos monetarios significa un retorno de la inversión un 53% mayor respecto a las empresas que no apuestan por gestionar la inclusión y la diversidad. Así lo ponía de manifiesto a principios de 2018 un estudio de la Universidad de Illinois y así lo defiende también el 83% de las empresas de la Unión Europea que participaron en el informe “The Business Case for diversity and work / Life Issues: good practices”, elaborado por The Conference Board. Estas destacan el impacto positivo que las políticas de diversidad y conciliación tienen en el negocio, sobre todo en lo que a potenciar el cambio cultural, combatir la discriminación laboral, fomentar el intercambio de conocimiento entre fuerzas laborales distintas, incrementar las oportunidades de mercado e indirectamente realzar la imagen corporativa respecta.

Equidad de género

La diversidad de género es quizás la que más titulares ha cosechado en los últimos tiempos… aunque para mal. Los medios se han hecho eco una y otra vez de la brecha salarial que existe entre hombres y mujeres, así que definitivamente lo mejor es hablar de los muchos beneficios que tiene incorporar, fidelizar y reconocer el talento femenino, que al fin y al cabo representa el 50% de la fuerza laboral actual. Ya en 2015 un estudio del McKinsey Global Institute revelaba cómo el avance de la equidad de género podía sumar hasta 12 billones de dólares al crecimiento mundial. Por su parte, el estudio “Is Gender Diversity Profitable?”, elaborado conjuntamente en 2016 por EY y el Peterson Institute for International Economics a partir de una encuesta realizada en 2014 entre 22.000 empresas de 91 países, puso de manifiesto que una empresa rentable con un 30% de mujeres en puestos de alta dirección podía aumentar hasta un punto porcentual su margen neto en comparación con otra de iguales características que careciera de presencia femenina.

Por lo tanto, no hay que ver la búsqueda de diversidad y la equidad de género en el trabajo como únicamente una obligación moral y ética. Hemos comprobado que apostar por equipos variados aporta grandes beneficios a las organizaciones, por ejemplo;

Mayor innovación, creatividad y competitividad.

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