actitud

Aptitud vs. actitud en el proceso de selección

Tradicionalmente, aquellas que ganaban la batalla en cualquier proceso de selección eran las aptitudes, esto es, la facilidad para desarrollar tareas de diversa índole que bien podían ser innatas, fruto de la inteligencia de cada uno, o bien podían haberse adquirido a través de la formación. Sin embargo, los reclutadores han ido fijándose cada vez más en la actitud de los candidatos, pues la predisposición de estos a la hora de realizar un trabajo o de relacionarse con los demás, así como los valores que guían esa actitud o filosofía de vida, influirán y mucho en que el futuro empleado encaje bien en la cultura corporativa y en el puesto a desempeñar.

En cualquier caso, poseer ciertas aptitudes es clave, sobre todo para cubrir perfiles más técnicos, pero, ante dos perfiles que muestren una formación y una experiencia laboral previa similar, la actitud será la que incline la balanza. Al final, una determinada conducta frente al trabajo y frente a los demás –superiores, iguales o subordinados- debe basarse en el respeto, la honestidad y la implicación. No en vano, si una de las competencias mejor valoradas hoy en día es la de capacidad de aprender a lo largo de la carrera profesional, lo que un empleado debe atesorar no es una habilidad concreta, sino la iniciativa necesaria para acabar incorporándola en su mochila a través de formaciones que así lo permitan.

Enriquecimiento mutuo

El cómo se hacen las cosas es la clave del éxito, el valor añadido de cualquier acción, lo que marca la diferencia. De ahí que los expertos insten a buscar personas que sean válidas para la empresa pero que, sobre todo, la enriquezcan. De igual manera, la actitud suele ser la que posibilita o no un buen ambiente laboral, en el que prime el compañerismo y el enriquecimiento mutuo entre las partes en pos de soluciones más creativas.

La actitud es asimismo responsable de incorporar la innovación al día a día laboral y de asumir los valores corporativos como propios, de involucrarse en la marcha del negocio y de otras variables que inciden directamente en el nivel de satisfacción, compromiso y fidelidad del empleado. En definitiva, es el conjunto de comportamientos que hacen al ser humano único y necesario, algo fundamental en un momento como el actual, donde la denominada cuarta Revolución Industrial traerá consigo la automatización de uno de cada diez empleos en el corto plazo.

Soft skills

Ahora bien, ¿qué actitudes son las más valoradas por las empresas? El pasado mes de diciembre Forbes hacía su particular lista de preferencias, que incluía:

  • Motivación
  • Iniciativa
  • Versatilidad
  • Capacidad de aprendizaje
  • Capacidad de superación
  • Amabilidad
  • Educación
  • Confianza en uno mismo
  • Proactividad

Un listado en el que durante los últimos años han escalado puestos las denominadas soft skills, entre las que destacan la capacidad de trabajar en equipo, de negociación y para la toma de decisiones; la facilidad para relacionarse, comunicarse y liderar un proyecto; la resolución de problemas, la planificación o el espíritu crítico, habilidades a su vez transversales a cualquier perfil y sector profesional y que suman puntos en los índices de empleabilidad de un candidato.

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